Las cosas a veces se me van.
A veces siento que podría ir despacito caminando, pero la gente siempre me pasa a llevar.
Eso me lleva a ir a un ritmo que tal vez no es el mío.
Como las cosas se me van, siempre tengo que escribir.
Así se donde las deje o cuando llegarán.
A veces tiendo a exigirle al mundo que vaya a mi ritmo, que se acuerde de cada cosa.
Pero esa soy yo.
Y hasta que encuentre alguien que camine despacito igual que yo, esperare.

El esperar trae esperanza.