Brillo de mar en tus ojos,
eco de arrullo en tu voz,
romero seco tu pelo,
nadie me diga que no.
A tus pupilas de ángel
rindo yo veneración;
doy por ellas lo que tengo
y todo lo que yo soy.
Tu nombre, con la pureza del nardo,
prendido en mi pensamiento está.
Cantando quiero llegar a tu alma,
por eso quisiera decirte adiós. *
Tú eres la luz, yo nada soy.